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Tema 2: Definición y características del juego ©
All content on this website are freely distributed. Click for more information Date : Mayo 3, 2010   | Published by : bautista Email: bautista@uhu.es Web: http://www.investigalog.com About: European PhD in Psychopedagogy, Doctor Honoris Causa Universidad Iberoamericana (Paraguay). Lecturer at the Faculty of Education, Univ of Huelva (Spain). Lecturer at the Univ Autónoma de Asunción (Paraguay) and Univ Nacional del Nordeste (Argentina). Specialist in Pedagogics, Didactics, Teaching and Learning in Organizations, educational reform, etc. More of 20 books as author and co-author. Facebook: http://www.facebook.com/jose.m.vallejoSee Authors Articles (87)  | 0 Comment/s Category : Using Games as a Didactic Method | Language : Spanish Author/s : JOSÉ MANUEL BAUTISTA VALLEJO |
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Definición y características del juego. |
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2. Definición y características del juego
Dr. José Manuel Bautista Vallejo
1. Introducción
Es evidente que hoy en día nadie se cuestiona -dentro del ancho mundo de la educación-, la importancia del juego. Como ocurriera en otros tiempos o lugares, y quizás ocurra hoy todavía en muchos hogares, jugar ya no es una forma de perder el tiempo, sino de ganarlo. El juego es importante para el crecimiento del cuerpo y de la mente, para el desarrollo en general. Jugar es imitar, jugar es imaginar, jugar es entrar en relación, es pasar de lo real a lo fantástico y de lo fantástico a lo real, jugar es luchar y esforzarse, jugar es divertirse…
Siendo así, es muy difícil que encontremos una actividad humana tan natural, tan rica en significados y posibilidades, tan valiosa para todas las edades, tan meritoria para todos los hombres y mujeres como el juego. El reconocimiento del juego como actividad no sólo de placer sino también de aprendizaje, adquiere una dimensión central en la pedagogía del tiempo libre, si bien su importancia ha sido siempre puesta fuera de toda duda. Juego y tiempo libre son dos realidades estrechamente relacionadas y que se enriquecen mutuamente.
Lógicamente, como consecuencia de lo apuntado, la definición de juego que aquí vamos a emplear debe ser amplia, lo suficiente como para que permita entender muchas de las afirmaciones anteriores. Sin ir más lejos, podemos admitir que de las cuatro modalidades de actividad, la primera en el orden del tiempo es el juego. La vida del niño empieza a manifestarse en el movimiento de sus propios miembros y cuerpo respondiendo a la tendencia a la actividad que todos los seres vivos tienen. Los movimientos aludidos, excepto los que se refieren a la nutrición, son realizados por el niño puramente “porque sí”, sin que tengan una finalidad concreta y con evidente satisfacción por parte del bebé que los realiza, condiciones que permiten calificarlos de juego.
Así, y con el ánimo de conceptualizar el juego desde una perspectiva que nos permita admitir todo aquello que dentro de unos límites permeables podamos considerar como tal, tenemos que es más complicado definir el juego -a tenor de las consideraciones de los investigadores en torno a éste, que difícilmente se ponen de acuerdo en una única definición del mismo, por la propia porosidad de tal actividad y/o recurso que atraviesa la cronología humana-, que admitir un número de rasgos y particularidades que le caracterizan.
No obstante, distintos autores han considerado al juego como: una actividad de descanso, una preparación para la vida, una actividad funcional inherente al placer, principalmente psicomotora, actividad compensatoria, una actividad de entretenimiento, diversión, sin una consideración clara del resultado final, etc. (Huizinga, 1968; Borja y Solé, 1984; Arranz Beltrán, 1988; Vial, 1988; Moyles, 1990). Todas éstas ponen de manifiesto la realidad del juego pero con matices o “naturalezas” diferenciadas. Se trata al juego como de un mero instinto, como una actividad lúdica y recreativa, como una acción opuesta al trabajo, como una forma de comportamiento, como una actividad libre, etc.
Por otro lado y admitiendo una vez más la variedad de significados, en el Diccionario de la Real Academia Española se define al juego como «un ejercicio recreativo sometido a reglas y en el cual se gana o se pierde». Todo este conjunto de sentidos que se le da al juego, empiezan a evidenciar -a pesar de lo cual la mayoría de los que juegan, siendo adultos, tienen una meridiana idea de en qué consiste el juego- que el concepto de juego es tan amplio que abarca todas las actividades humanas recreativas y no recreativas, de modo que es difícil dar una definición precisa. A pesar de esto, desde el punto de vista pedagógico, sí es posible ofrecer una definición práctica y operativa, analizando sus principales características. Ésta es la razón por la que afirmamos con anterioridad que a pesar de la dificultad en el establecimiento de una definición unitaria, sin embargo es posible caracterizarla con una cierta seguridad acudiendo a una serie de particularidades y rasgos del mismo juego.
2. Características del juego
Así, si nos adentramos en las características del juego infantil (con algunas referencias al juego en otras etapas), en un intento de dar una visión descriptiva e integradora (analizando concordancias y divergencias) que nos facilite una aproximación a la categorización del juego, tenemos las siguientes particularidades:
a) El juego es una actividad placentera, fuente de gozo. La actividad lúdica procura placer, es una actividad divertida que generalmente suscita excitación, hace aparecer signos de alegría y siempre es elevada positivamente por quien la realiza.
b) El juego es una actividad espontánea, voluntaria y libremente elegida. El juego no admite imposiciones externas, el niño debe sentirse libre para actuar como quiera, libre para elegir el personaje a representar, los medios con los que realizarlo. Pero pese a que el juego es el reino de la libertad y de la arbitrariedad presenta una paradoja: el hecho de comportar al niño restricciones internas porque se ha de ajustar a las pautas de acción del personaje y cuando el juego es grupal, acatar las reglas de juego. Estas características de la propia dinámica del juego son las que se utilizan en muchas ocasiones para la creación de determinados hábitos sociales que permiten a las personas vivir en comunidad, en donde reglas, normas, libertad, autonomía y responsabilidad se conjugan como fórmulas para la creación de espacios de convivencia.
c) El juego es una finalidad sin fin, aunque estamos seguros de que con lo afirmado anteriormente se entiende cómo hay que matizar tal expresión. El juego es una realización que tiende a realizarse a sí misma, no tiene metas o finalidades extrínsecas, sus motivaciones son intrínsecas, y por ello se centran en el utilitarismo o se convierte en un medio para conseguir un fin, pierde la atracción y el carácter de juego. El niño se mete en el juego sin una excesiva preocupación por el resultado de la actividad, no teme al fracaso porque la actividad no se organiza para conseguir un resultado concreto. Es más una actividad de disfrute, que un esfuerzo destinado a un fin. De ninguna manera, no obstante, hay que relegar aquí la actividad como disfrute al sentido de lo superfluo, es decir, disfrutar no es equiparable aquí en el ámbito de lo lúdico a un malgaste del tiempo, ni de las energías, etc.
d) Es oposición con la función de lo real. Porque con el juego el niño se libera de posiciones que la función de lo real le exige, para actuar y funcionar con sus propias normas y reglas que a sí mismo se impone y que de buena gana acepta y cumple.
e) Es una acción e implica participación activa. Jugar es hacer y siempre implica participación activa. Por ello mismo, en el juego cuando niños y niñas hacen, “son”. Es decir, ante la afirmación de “ser antes que hacer”, niños y niñas cuando juegan y disfrutan, están contribuyendo de una manera esencial a la satisfacción de su ser integral.
f) Lo constitutivo del juego es el carácter de ficción. Hacer el “como si”, observación puesta de manifiesto por Freud, es un argumento bastante aceptado. Lo que caracteriza al juego es el hacer “como si” y tener conciencia de ficción. Esta expresión es especialmente significativa en el desarrollo de juegos con niños pequeños, de manera que el universo de ficción llega a representar una constante en el volumen de sus conductas lúdicas. Por ello, cualquier actividad puede ser convertida en juego y cuanto más pequeño es el niño, mayor será su tendencia a convertir cada actividad en juego. Lo que caracteriza al juego no es la actividad en sí misma, sino la actitud del sujeto frente a esa actividad.
g) El juego guarda conexiones sistemáticas con lo que no es juego. Se refiere a la vinculación del juego con el desarrollo humano en general (creatividad, solución de problemas, desarrollo del lenguaje o papeles sociales, etc.). El juego tiene lugar en la vida de los seres humanos y, por tanto, es una actividad que desde un punto de vista holístico está impregnada y conectada con la persona entera, creando un vínculo, por ello mismo, con todas las otras actividades que la propia persona hace realidad. El juego, así, aparece conectado con todo lo previo y con todo lo posterior a la actividad personal.
h) El deseo de ser mayor como motor del juego. El deseo subyacente a toda actividad lúdica es el deseo de ser mayor, de hacerse grande, de ser adulto y tener capacidades, funciones y privilegios del adulto que el niño desearía tener.
i) El juego es autoexpresión, descubrimiento del mundo exterior y de sí mismo. En el juego el niño expresa su personalidad integral, pero no sólo es una oportunidad de autoexpresión para él, también es una actividad significativa de las posibilidades de descubrimiento, de exploración y experimentación con las sensaciones, con los movimientos, con las relaciones, a través de las cuales el niño descubre y se descubre a sí mismo. Es, además, un proceso de descubrimiento de la realidad exterior, a través del cual va formando y reestructurando progresivamente sus conceptos sobre el mundo.
De otro lado, podemos aludir otra fuente de características del juego, en el intento nuevamente de categorizar y mejorar nuestro conocimiento del mismo, con tal de propiciar una buena base sobre la que extender las reflexiones y propuestas posteriores.
Así, tenemos que (Urdiales Escudero y otros, 1998):
a) El juego es una actividad libre. Los estudios muestran cómo si un profesor obliga a un alumno a que juegue a un determinado juego, no sólo cambia la consideración del mismo juego, que pasa de ser una actividad lúdica a una actividad escolar más, sino que también cambia la actitud del niño o niña en relación a la actividad a desarrollar. Por ello, lo que se estima que tiene que hacer el profesor es orientar y motivar al alumno con tal de favorecer el juego en el aula en el tiempo dedicado a ello.
b) El juego tiene un espacio y un tiempo determinados. Cada juego tiene un desarrollo temporal claro, frecuentemente establecido en las reglas que contempla un inicio, un desarrollo y un final. Sin embargo, en la educación infantil comúnmente los juegos tienen un grado de espontaneidad, cosa que no se presenta como realidad única, pues también muchos juegos en esta etapa del desarrollo se van enmarcando paulatinamente en el esquema temporal que proporciona el adulto. Dos son las particularidades que sobrevienen del carácter temporal de la actividad lúdica: si se reduce el juego se puede generar ansiedad en el niño; si se incrementa innecesariamente, el efecto sería el contrario, es decir, se puede caer en el hastío, cansancio y desmotivación. Por otra parte, el juego también tiene un espacio particular para su desarrollo, lo que no quiere decir que tenga que constituir un objeto material necesariamente, pues la imaginación puede en la mayoría de las ocasiones superar la carencia primera. De todas formas, aunque desde el punto de vista operativo el espacio no sea una necesidad imprescindible, es conveniente que los alumnos tengan un lugar referencial donde desarrollar su juego.
c) El juego es una actividad muy diferente al trabajo, ya que tiene finalidades y métodos distintos. El trabajo es aquella actividad que se realiza en función de un producto. No tiene sentido en sí misma, sino en el resultado. Es una actividad transeúnte que se justifica en una producción distinta de la actividad misma. El trabajo humano es también creador, pero creador de cosas externas, realidades que se pueden objetivar y que son las que dan sentido a la actividad laboral (García Hoz, 1993). Así, puesto que el “trabajo” de los niños es el aprender, es mucho más interesante la transmisión a los alumnos de conocimientos, valores, actitudes, etc., a través del juego y la diversión, que el aprendizaje a través de la rutina o la imposición, características que de alguna manera justifican y autorregulan la actividad laboral. Conviene, así y en todo caso, dotar a la actividad ordinaria de la clase de un componente de atracción lúdica para que se fomente el aprendizaje a través del juego.
d) El juego tiene un carácter desinteresado. Parcialmente, sirve ahora el argumento dado para la justificación del marco temporal del juego, en la justificación de la finalidad a la que sirve el juego. Esta es, aunque no del todo, la razón por la que afirmamos que el juego es en la etapa infantil un medio y un fin en sí mismo. Así, en un principio, el juego no tiene por qué perseguir ningún fin material, pues es la satisfacción y el placer que produce de modo inmediato el matiz principal que lo caracteriza.
e) Todo juego lleva un elemento de tensión. Hemos expresado reiteradamente que el juego es una actividad gratificante, sin embargo esto no impide un determinado carácter que puede acompañar su desarrollo: el juego para realizarse necesita un esfuerzo por parte del alumno y es en esa tensión de donde surge el aprendizaje, desarrollándose facultades físicas (resistencia, destreza…), intelectuales (búsqueda de estrategias de resolución, creatividad…), espirituales y morales (someterse a reglas, sentido competitivo…), etc. Así las cosas, es en el juego competitivo en donde claramente el factor de tensión alcanza mayor claridad y evidencia.
f) El juego está conectado con la realidad. El juego toma de la realidad todos sus elementos, permite a niños y niñas un mejor conocimiento del mundo que le rodea y favorece su integración. Incluso cuando el juego implica una salida a la imaginación también la realidad es el punto de partida porque en ella se encuentran los elementos que han de ser transformados imaginativamente. Para García Hoz (1993: 25), el «juego es ocasión de conocimiento de la realidad y también de conocimiento de las propias posibilidades y limitaciones». Éste mismo reconoce que «tanto Schaller, el pionero en los estudios sistemáticos del juego, cuanto Piaget, que viene a representar una culminación de los mismos, hablan de la imitación como una actividad típicamente lúdica. ¿Cómo sería posible imitar sin conocer lo que se imita? En este quehacer se funden el conocimiento receptivo con el conocimiento práctico, operativo, para realizar aquello que se ve?
g) El juego implica acción. Niños y niñas que juegan, se mueven, corren, se desplazan, ejecutan acciones -que están envueltas de las características ya señaladas-, etc., razones por las cuales están en constante actividad física y mental. Éste es el argumento fundamental por el que al juego se le ha caracterizado como una actividad completa, razón por la cual muchos de los que diseñan o facilitan el juego, tienen en cuenta todas las aptitudes de una persona, tanto las físicas como las intelectuales y las sociales.
3. Definiciones de juego
Después de analizadas las más importantes características del juego, podemos aportar una definición que nos permita mayor seguridad sobre lo que estamos discutiendo, lógicamente a la luz de todo lo que ya hemos admitido en torno a esta interesante actividad humana.
Libertad, carácter desinteresado, actividad individual, expresión y convivencia, sentido completo en sí mismo, ritmo y armonía, conocimiento, imitación, imaginación, tensión, son características que han ido apareciendo y que ponen de manifiesto la estrecha vinculación del juego con la vida entera y, por lo mismo, con una de las manifestaciones más importantes de la vida misma: la educación.
Así, resumiendo las características del juego más generalmente aceptadas, se puede llegar a una definición operativa concebida en los siguientes términos: juego es una actividad de la persona entera, individual o social, realizada espontánea o libremente y satisfactoria en sí misma (García Hoz, 1993).
Tampoco podemos olvidar, por la importancia que tuvo en su momento el libro Homo ludens, de Huizinga (1968), la definición que da este autor, que relaciona de forma más compleja los elementos fundamentales que caracterizan al juego; se trata, así, de una actividad u ocupación voluntaria que se realiza dentro de ciertos límites establecidos de espacio y tiempo, atendiendo a reglas libremente aceptadas, pero incondicionalmente seguidas, que tiene su objetivo en sí mismo y se acompaña de un sentimiento de tensión y alegría.
También podemos aludir a las definiciones que Mir y otras (1997: 18) recogen en su libro, atendiendo a los diferentes matices sobre los que variados autores se apoyan, en lo que, además, comprobamos ricamente la evolución que la sistemática en los estudios sobre el juego ha ido aportando históricamente hasta nuestros días, yendo en algún sentido desde lo más prosaico a lo más científico.
Así, tenemos que para Spencer «el juego pretende el agotamiento de las reservas de fuerzas que aún no han sido gastadas por las exigencias de la vida. Es como gastar el sobrante de las energías almacenadas en el cuerpo. Lo que no tiene explicación es cómo los niños cansados siguen jugando». Es, sin duda, muy interesante esta última apreciación del autor, quien se asombra y, al mismo tiempo, seguramente intuye una característica fundamental del juego: su conexión con la naturaleza humana, se trata de un fenómeno de toda la existencia humana y su carácter espontáneo va unido al placer y la satisfacción que niños y niñas sienten cuando juegan. No es un trabajo, pues para los niños jugar es hacer lo que quieren y nunca es poco el tiempo, mientras que trabajar es hacer lo que hay que hacer.
Por otro lado, Groos y Stern entienden que el juego es una preparación, un entrenamiento para la vida.
También está Bühler, para quien el juego es toda actividad funcional inherente al placer, principalmente psicomotor.
Finalmente, podemos recordar el juicio de Patrick sobre este tema, para quien la vida laboral exige un gran consumo de fuerzas, que hacen que el ser humano busque la compensación en el juego.
En el comentario de los elementos que se han incluido en la definición aportada (García Hoz, 1993), es necesario recordar que se menciona en primer lugar la persona entera como sujeto activo del juego porque, contra lo que pudiera parecer en una superficial idea, el juego suscita en el niño o en el hombre una atención tan intensa y concentrada como cualquier trabajo. De experiencia corriente es la molestia que ocasiona la interrupción inesperada cuando se está jugando.
Por otro lado, la característica universal del juego en los animales y en los primeros años de la existencia humana es la espontaneidad, esto es, que un juego se inicia y continúa por un impulso natural del propio sujeto sin coacción externa. Sin embargo, no es ésta la única vertiente fundamental en el juego, pues en esencia también la voluntad llega a representar un papel muy importante. Así, «en realidad, no se juega cuando se realiza forzadamente una actividad aunque oficialmente se tenga por lúdica (…). Pero si entre varias opciones se elige un juego determinado, el origen del juego es evidentemente una operación de la voluntad, no un impulso de la espontaneidad» (García Hoz, 1993: 26).
Finalmente, se alude en el juego al carácter satisfactorio que tiene el mismo, es decir, la última razón subjetiva de cualquier actividad, la complacencia en la obra hecha, se alcanza en el transcurso mismo del juego, sin esperar el resultado: si la satisfacción en el puro hacer se acaba, se acaba el juego.
Por todo ello, podemos concluir que el juego en los niños y niñas es una actividad tan importante como seria. Cuando éstos juegan ponen en marcha, aunque no siempre de una manera consciente, todas sus capacidades de aprendizaje: crean, innovan, exploran, imitan, dialogan, expresan, relajan, aprenden, son, etc. Hay razones poderosas, por tanto, para admitir que el juego es una actividad esencial para la educación infantil y primaria, de la misma manera que también es algo que acompaña al ser humano a largo de toda su existencia.
Podemos admitir que todo juego es un “ejemplo” de situaciones que vivimos en la vida real, algo que ayuda a que nuestras experiencias sean más intensas, llenándonos de suspenso y excitación. El juego resulta fundamental desde nuestro nacimiento marcando el futuro de nuestra vida como adultos, como lo demuestran las investigaciones más actuales y la experiencia acumulada de años.
Además, el juego en la edad infantil permite a niños y niñas relacionarse con el mundo que les rodea, interactuar con otros seres humanos y comprender mejor a los demás. El juego es en sí mismo una riqueza, nos enseña a enfrentarnos a la vida, nos permite convivir, descansar, conseguir metas y mejorar nuestras relaciones humanas como el dar y recibir amor. Esto es especialmente significativo con niños pequeños, quienes emplean todo su yo afectivo mientras juegan, siendo un momento propicio para que los adultos, conscientes del momento que pueden aprovechar para educar, actúen como mediadores e impulsores de buenos sentimientos en éstos.
El juego es un proceso creativo, es decir, las relaciones multivariables entre el juego y la creatividad son tan fuertes que nos permiten utilizar el juego en el marco de la maduración infantil, adolescente y juvenil para la consecución de capacidades creativas de una forma muy natural.
De igual modo, ya hemos hablado del carácter libre que tiene el juego. Ahora sólo recordar que éste puede comenzar y terminar cuando uno quiere, es decir, cuando el actor o actores deseen. Si bien, cuando le damos un sentido social, se puede convertir en un deber ya que exige reglas, crea un orden y las emociones forman parte de este proceso. Nace la necesidad de ganar, de ser mejor, de superarnos, de dar amor o amistad y es cuando le damos una utilidad. Se convierte, así, en un componente fundamental para la socialización de los niños y niñas, siendo capaces de aprehender reglas y normas que conducen a una integración personal y social más plena.
La competencia en la naturaleza global y profunda del juego también la observamos en sus posibilidades como medio terapéutico. Por ello, dentro de los sistemas de exploración de las emociones o en general informaciones que podemos obtener de niños y niñas, también tenemos al juego. Si queremos averiguar cómo sienten y piensan los niños, más que interrogarlos, debemos jugar con ellos. Para la comprensión de la conducta infantil, los terapeutas suelen jugar junto con los niños analizando sus respuestas y reacciones, así obtienen mejores datos y entienden más completamente lo que les puede estar sucediendo y con ello la posibilidad de ofrecer soluciones satisfactorias. Bien conocidos son la terapia a través del dibujo (Ajuriaguerra, 1979), o el uso en la psicoterapia del método de diagnóstico y tratamiento denominado “Sand-play”, pues el juego es utilizado como medio de liberación de la realidad interior, de expulsión de tensiones psíquicas y retorno al equilibrio.
Todo lo afirmado hasta ahora, nos permite admitir con holgura que el juego es parte integral de la vida, un fenómeno de toda la existencia humana, una actividad que forma las bases para las relaciones humanas, la creatividad y el desarrollo de nuestra imaginación, un hecho socialmente relevante sobre todo en la educación infantil y primaria.
Referencias
ARRANZ BELTRÁN, E. (1988): El juego escolar. Madrid: Escuela Española.
BORJA Y SOLÉ, M. (1984): El juego como actividad educativa. Barcelona: E.U.
GARCÍA HOZ, V. (1993): «La educación primaria: del juego al trabajo», en García Hoz, V. (Dir.): Tratado de Educación Personalizada. La educación en el nivel primario, vol. 11, cap. 1. Madrid: Rialp; 15-55.
HUIZINGA, J. (1968): Homo ludens. Madrid: Alianza Editorial.
MIR, V. y otras (1997): Juegos de fantasía en los parques infantiles para niños y niñas a partir de dos años. Madrid: Narcea.
MOYLES, J.R. (1990): El juego en la educación infantil y primaria. Madrid: Morata.
VIAL, J. (1988): Juegos y educación. Las ludotecas. Madrid: Akal.

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