6. El juego y su integración curricular
Dr. José Manuel Bautista Vallejo
Introducción
El conjunto de características del juego como método didáctico permite admitir al mismo, sin lugar a dudas, como una magistral herramienta para el currículum en Educación infantil y primaria. Profesores y padres tienen en el juego uno de los métodos más eficaces para educar en sentido amplio, dentro y fuera de la escuela, en una dialéctica que relaciona los espacios escolares y extraescolares en una dinámica flexible al servicio de una educación integral.
Ocurre, sin embargo, que hemos de ser conscientes de hasta qué punto el juego es parte del currículum, o una herramienta para el currículum o un método útil dentro del currículum, es decir, si el juego como método didáctico es considerado, arrastrados por la euforia de su magistral utilidad, un elemento del currículum o el mismo currículum. Dilucidar esa cuestión traerá consecuencias interesantes para el trabajo didáctico, por cuanto que permite conferir toda la importancia a esta herramienta, si bien, no lo absolutiza como medio dejando paso a la evolución siempre constante de aquellos útiles siempre dinámicos de la didáctica.
Resuelta esta cuestión, sobre si el juego es parte del currículum o el currículum mismo, permite conocer mejor los niveles de integración del mismo en el diseño y desarrollo curricular de la Educación en los primeros niveles.
Más beneficios del juego
Omeñaca Cilla y Ruiz Omeñaca (1999: 7-9), tomando como base 24 estudios que, centrándose en la actividad lúdica, han tratado de delimitar los elementos más significativos del concepto de juego, señalan ocho elementos de entre los más relevantes que estos estudios recogen:
a) El juego es fuente de alegría, de júbilo, de placer.
b) El juego constituye un fin en sí mismo.
c) El juego es espontáneo y voluntario, libremente elegido.
d) El juego propicia el aprendizaje: el juego está presente de un modo muy especial en los aprendizajes que realizan los niños durante los primeros años de vida. Pero su potencialidad como fuente de aprendizaje se mantiene a lo largo de toda ella. Aspectos como el desarrollo cognitivo y motriz o la adquisición de habilidades comunicativas o sociales tienen en el juego un importante campo para la exploración y el crecimiento personal.
e) El juego es una forma de expresión.
f) El juego implica participación activa.
g) El juego posee puntos de encuentro con las “conductas serias” (los niños acometen la actividad lúdica con una mezcla de alegría y seriedad).
h) El juego constituye un “mundo aparte” (la magia de la actividad lúdica).
Hasta el momento se han suscitado muchos e importantes elementos que justifican al método como método para la Educación infantil. La contribución que el juego como “estrategia” didáctica puede aportar en esta etapa educativa si se utiliza éste como referente metodológico, puede ser de un incalculable valor ya que el juego influye en todas las manifestaciones del campo educativo. Los niños y las niñas, mientras juegan, aprenden. Y eso es una regla básica útil para la Educación infantil y primaria.
De forma sistemática y teniendo en cuenta que un juego no beneficia a un solo aspecto, las diferentes aportaciones del juego en el aula en los primeros niveles educativos podrían ser (Urdiales Escudero y otros, 1998):
a) Desarrollo psicomotor: favorece la coordinación motriz (gruesa y fina); el equilibrio; la fuerza; la habilidad para manipular objetos; la ejercitación y dominio de los sentidos; la capacidad de imitación; la coordinación visomotora…
b) Desarrollo cognitivo: estimula la atención y la memoria; desarrolla el rendimiento; la imaginación y la creatividad; ayuda a discriminar realidad de fantasía; desarrolla la comunicación y el lenguaje; ayuda a iniciar en el pensamiento abstracto; estimula el pensamiento científico y matemático…
c) Desarrollo social: favorece procesos comunicativos y cooperativos y disminuye las conductas agresivas y pasivas; ayuda a comprender el mundo de los adultos; facilita el aprendizaje de la resolución de conflictos…
d) Desarrollo emocional: estimula el desarrollo moral y el autoconocimiento; desarrolla la subjetividad; facilita patrones de identificación sexual; produce satisfacción emocional; ayuda a controlar la ansiedad…
Los argumentos de más arriba y los expresados más recientemente, que responden a conocimientos que forman parte del corpus de saberes sobre el juego que buena parte de la sociedad posee, como consecuencia de la experiencia acumulada, así como todos aquellos conocimientos provenientes de la investigación y la experimentación científica, todos se encaminan a la expresión de la virtualidad del juego en el marco de la Educación infantil y primaria. Todos apoyan la idea de su conveniente integración en el conjunto de prácticas que deben ser desarrolladas en estos niveles. Todos apuestan por la noción de juego como una herramienta fundamental para este espacio y tiempo educativo. Si, además, este espacio se institucionaliza y amplía como lo hace en el momento presente, surge la demanda de un más adecuado proceso integrador en el marco del currículum de todo lo relacionado con el juego como método, como proceso o como actividad.
Ahí están, por ejemplo, los objetivos para la Educación infantil que la Ley señala, no podemos perder su horizonte, pero tal vez siendo una cuestión aparentemente simple, queda el diseño y la práctica curricular para esta etapa como una cuestión que hay que resolver. Hemos apostado por el juego como fin en sí mismo, debido a que en éste se suscitan múltiples “contenidos” que no es nuestra pretensión recordar ahora, algunos de los cuales se han ido mencionando hasta ahora.
Los criterios metodológicos, en los que hay que traducir propuestas de calidad para el currículum de las primeras etapas educativas, nos deben permitir señalar este espacio educativo con auténtica capacidad de singularización. Ibáñez Sandín (2000: 36-37) señala, en el marco del Proyecto que presenta para la Educación infantil, unos criterios metodológicos que pueden servir de orientación para aquello que exponemos. Antes expresa que plantearse una metodología supone tener claro cuál es la idea educativa que se tiene respecto a lo que se quiere conseguir, supuesto que le lleva a afirmaciones como las que siguen:
Ofrecer al niño un clima cálido, espacios amplios que posibiliten su necesidad de movimientos, propicien una actividad creadora que favorezca no sólo la adquisición del conocimiento, sino también el desarrollo de su independencia, seguridad y autonomía.
Conducir al niño a los aprendizajes que se asienten en conocimientos previos, relacionados con sus experiencias y sean claramente significativos para él.
Diseñar situaciones de aprendizaje variadas que favorezca la libre elección por parte del niño.
Respetar siempre, tanto el acierto como el error, considerados, ambos, elementos del proceso de aprendizaje.
Potenciar la creatividad, la experimentación, la investigación y el descubrimiento.
Basar la actividad de la escuela infantil en el juego.
Actividad y acción basadas en que el niño es un ser activo y es el agente de su aprendizaje.
Actividades que parten de su vida real en base a sus necesidades a intereses, partiendo de una perspectiva globalizadora.
Procurar la interacción de grupo y ayuda de unos a otros, organizando dentro del aula pequeños grupos abiertos para facilitar la comunicación verbal y no verbal, basándonos en el recurso del espacio por rincones.
Dar a conocer con claridad al niño lo que se espera de él y las pautas a seguir para evitarle confusiones.
La observación directa y sistemática como medio de evaluación.
Juego: ¿currículum o parte del mismo?
En el caso anterior, estamos ante un número de consideraciones a tener en cuenta una vez que nos encaminamos a la práctica curricular. El ejemplo de Ibáñez Sandín (2000) no es más que eso, contando que son innumerables las posibilidades para la integración del juego para estas etapas. Sin embargo, al considerar el juego como la base de la actividad de la escuela infantil y primaria, ya estamos adoptando todo un modelo de trabajo para este período que nos apremia a la adopción de actitudes, estrategias, procesos, etc., de muy singular razón de ser y que se relacionan muy estrechamente con un currículum que se aborda desde la consideración de la actividad lúdica como elementos clave.
A pesar de ello, es necesario que prestemos atención a la idea que, a nuestro juicio, expresa tan acertadamente Moyles (1990: 122):
«El juego es tanto un proceso como una modalidad que puede operarse dentro del currículum normal y lo que conviene subrayar es que el juego no es un currículum en sí mismo (…) Aunque los niños necesitan un conocimiento de los materiales de juego, de sus funciones, propiedades y nombres y requieren destrezas de manipulación y coordinación para emplearlos, el juego constituye un medio por el que los pequeños abordan diferentes aspectos del currículum para un aprendizaje. Debemos observar, estimar y registrar el juego en cualquier “área” en donde los niños intervengan en ese momento, sea cual fuere la etapa de su desarrollo».
Sea como fuere, el enriquecimiento de la personalidad del niño, algo a lo que se refiere, por ejemplo, expresamente el currículum de la Educación infantil de acuerdo con el RD de 6 de septiembre de 1991, desde los diversos aspectos de la realidad que le rodea, han de ser “conocidos o imaginados y expresados, como dice el Real Decreto citado, mediante las posibilidades simbólicas que ofrecen el juego y otras formas de representación y expresión”.
De ahí que entre los objetivos generales de la etapa de Educación infantil se destaque como primer objetivo (art. 5º del Real Decreto de referencia), “Identificar y expresar las necesidades básicas de salud, de juego y de relación…” que el niño tiene.
Podemos observar ahora cómo el texto legal hace referencia a lo que autores como Marhuenda (2000: 75) consideran la clave para entender el principal problema del currículum: el de la representación. Recordamos que para éste
«el currículum debe ser entendido como texto para la representación, al menos desde tres dimensiones: de las intenciones del docente a la realidad del aula, pero también desde la prescripción al currículum realizado y, además, en la contextualización que adopta en cada territorio y cada centro».
Otro autor que hace referencia a la representación es Lundgren (1992), según el cual ésta se manifiesta en el formato que toma cada uno de los niveles de concreción, lo que constituye, en cierto modo, diferentes “estilos” de currículum, ya que éste puede ser considerado como un texto que se escribe y lee, texto que es comunicado o que cobra sentido cuando se comunica entre sus usuarios.
Así pues, el juego como método didáctico puede ser estimado también en su virtualidad como forma de representación, como instrumento que permite a niños y niñas conocer, entender, interpretar, comunicar, etc., la realidad. Jugando, el niño toma conciencia de lo real, se implica en la acción, elabora su razonamiento, su juicio, etc.
No obstante a todo ello, la consideración general que se desprende de la LOGSE y los Reales Decretos que la desarrollan, tanto en Educación infantil como en primaria, en torno a la contemplación del juego, seguidas de sus más modernas interpretaciones, se puede cifrar en que está presente pero haciendo hincapié en su aspecto motor/manipulativo. Con ser esto importante, hay que decir que no es suficiente y ello es así por varios motivos: primero, porque todo lo que atañe al juego queda reducido prácticamente a una declaración de intenciones; y luego, porque el juego motor/manipulativo en los primeros ciclos queda desdibujado y a continuación reducido al área de la Educación Física.
En el caso de la Educación infantil, a pesar de que en los principios metodológicos de esta etapa (MEC, 1992) se dice así textualmente, en muchos casos la realidad es muy distinta. Afirma el MEC que:
«Es imprescindible destacar la importancia del juego como la actividad propia de esta etapa. En el juego se aúnan, por una parte, un fuerte carácter motivador y, por otra, importantes posibilidades para que el niño y la niña establezcan relaciones significativas y el profesorado organice contenidos diversos, siempre con carácter global, referido sobre todo a los procedimientos y a las experiencias. Se evitará la falsa dicotomía entre juego y trabajo escolar».
Es necesario considerar, por tanto, que el juego es una actividad total; por ello, hacer en un centro de Educación infantil y primaria una distinción entre juego y trabajo (problema al que nos hemos enfrentado con cierta asiduidad), entendiendo por éste una actividad seria y por aquél una actividad informal o un puro pasatiempo, está fuera de lugar, debido a que nada hay más serio para el niño que el juego.
Referencias
OMEÑACA CILLA, R. y RUIZ OMEÑACA, J.V. (1999): Juegos Cooperativos y Educación Física. Barcelona: Paidotribo.
URDIALES ESCUDERO, M.A. y otros (1998): Guía lúdica para el currículo de educación primaria. Madrid: Escuela Española.
IBÁÑEZ SANDÍN, C. (2000): El proyecto de Educación Infantil y su práctica en el aula. Madrid: La Muralla, 9ª ed.
MARHUENDA, F. (2000): Didáctica general. Madrid: Ediciones de la Torre.
MOYLES, J.R. (1990): El juego en la educación infantil y primaria. Madrid: Morata.
LUNDGREN, U.P. (1992): Teoría del currículum y escolarización. Madrid: Morata.
M.E.C. (1992): Materiales para la Reforma de Educación Infantil (Caja Roja). Madrid: M.E.C.
Real Decreto 1333/1991, de 6 de septiembre, por el que se establece el currículo de la Educación Infantil (BOE de 9-9-1991).
From my point of view, there is much more importance to using “games”, e.g. starters’ activities, icebreakers or even also called warm-ups, in the foreign classroom. They are a very good way to loosen up the learners and motivate them to think and act in the foreign language. It is important that learners feel comfortable, confident and focused on the language and with each other. To help a positive leaning environment develop, is the teachers’ role from a great matter – she or he is responsible for the well and active approach of the students in class. Depending on how a teacher greets her or his students to the classroom, how the classroom looks like, are there any pictures on the wall, is there music, are there attractive and curious objects, playing games as a way of warming the learners help the lessen “off to a good start” (Wright, Betteridge and Buckly 2006: 1-11). In my opinion, games have no age limits and can be used in a more adult classroom. Furthermore, the importance of designing the classroom in a more real-life way and developing a warm atmosphere, are as well not in the curriculum requirement, but we as teachers have to be creative and enthusiastic enough to motivate our students.
Penny Ur and Andrew Wright mention in the introduction of their book “Five-Minute Activities”, for what purpose are such short activities good for: a quick warm-up to get the students in the right mood, for vocabulary review, could be used as a orientation activity to prepare the learners for the coming up new topic, or a game just to round up the lesson with a smile.
When we say “game”, we of course think of competition which in a way can be stimulating for one, but also are destructive for others. That is way a “game” activity in the foreign language classroom should be challenging, but not that competitive, so that every student would feel inspired to “have a go” and do their best. Making players anxious and categorizing them as losers have a bad effect on the leaning process.
“Language learning is hard work”, a statement in “Games for Language Learning” (Wright, Betteridge and Buckly 2006: 2); the effort a foreign language learner has to bring within memorizing vocabulary, understanding grammar structures, adapt and use them properly in conversations and written composition maintain a longer period of time. But games and such short activities help and encourage the learner to “sustain their interest and work”. They also help the teacher structure her or his lesson by filling in meaningful and useful language use to connect different language sequences, to provide information etc. “Games provide one way of helping learners to experience language rather than merely study it.” What matters is the quality of practice. In such starter activities there is a great deal of repetition and a particular language form, which helps the students to recognize the “working of language as living communication”. Icebreakers and other short activities involve a lot of action and emotions, thus making language meaning more “vividly experienced”. It is easily and spontaneously absorbed and is said to be more effective then the learning based on mechanical drills.
In addition, I think that there is so much more to say about this topic. But I’ll save some of my comments for other interesting articles that I find here.
Mariya Ivanova