¿Qué diferencia hay entre educar e instruir?
María Doña Corrales.
Universidad de Huelva(España).
Con esa contraposición se ha querido siempre señalar la diferencia entre transmitir información, conocimientos, destrezas, etc. (instruir, enseñar) y formar al individuo completo, su personalidad, ante todo su moral (educar, formar).La escuela puede y debe educar, en muchos aspectos solo ella puede hacerlo, porque existe una contraposición entre familia y sociedad en la que solo puede mediar la escuela. La familia es comunitaria, particularista, difusa, mientras que “la sociedad” (las otras grandes instituciones sociales de la vida adulta: el trabajo, la política, el barrio…) son asociativas, universalistas, específicas, lo que implica solución de continuidad entre unas y otras. El remedio a esta discontinuidad es la escuela, que por eso fue y es el gran instrumento de la modernización: no por instruir, sino por educar. Y por hacerlo en una dirección distinta, y no sólo complementaria, a la de la familia: universalista e individualista, racional e instrumental, colectiva pero competitiva, igualitaria, tutelar pero afectivamente neutral.
Todo eso es educar, no sólo instruir. Justamente en esos aspectos, en todo lo relativo a la convivencia y la cohesión social fuera del hogar y el parentesco, la familia no puede ir más allá de instruir, es decir, de transmitir información sobre cómo es o debería ser el resto de la sociedad. La escuela, en cambio, puede organizar una experiencia que anticipa la de las instituciones extra domésticas y las organizaciones adultas, lo que se parece mucho más a educar.
Todo docente aspira a educar, pero el tiempo asignado a cada materia, los plazos impuestos por planificaciones pensadas para cumplir con los requerimientos de la etapa siguiente, y la gran cantidad y heterogeneidad de alumnos hacen que este objetivo sea muy difícil de alcanzar.
La educación requiere tiempo y trabajo personalizado. En otros términos, la educación es cara, muy cara. Cuando los recursos escasean, invariablemente la educación se convierte en instrucción. En general, la escuela no puede reemplazar a la familia: por un lado, el tiempo que los niños y jóvenes pasan en su casa es mayor que el que pasan en el colegio; por otro lado, los compañeros son siempre más que los hermanos.
En consecuencia, sería preferible reservar la palabra "educación" para la tarea que realizan los padres y usar la palabra "instrucción" para referirse a la tarea de la escuela.
La elección de la palabra "educación" para designar a la misión de la escuela es sin dudas desacertada. No porque la escuela no eduque o porque no quiera hacerlo. Simplemente, porque ésa no es su función principal. Además, hay otra institución —la familia— que la hace, y la hace mejor. He escuchado al Profesor Guillermo Jaim Echeverry hacer uso de la expresión "contrato de la sociedad con la escuela", para referirse a aquello que la sociedad exige a la escuela y la escuela se compromete a dar. En estos tiempos de cambio, en los que muchos hablan de refundar instituciones, quizá sea el momento de volver a usar sin miedo la palabra "instrucción" —como lo hizo Sarmiento en su libro Educación Popular— y crear un Ministerio de Instrucción Pública que reemplace al Ministerio de Educación actual. Un ministerio con ese nombre se ocuparía de hacer que las escuelas y universidades cumplieran con la única función de que son capaces (instruir) y evitaría quizá que, por querer hacer demasiadas cosas, terminen no haciendo ninguna.
Pero obliga a un esfuerzo constante de maestros, de padres, de la sociedad, de las autoridades educativas, ya que no hay, ni puede haber, beneficio sin costo, y la suprema contribución al futuro exige educadores de la humanidad, maestros de valores y proyectos, porque conocer sólo información es de maestros incompletos.
José Saramago, premio nobel de literatura en 1998, declaró en una conferencia en Bueno Aires: “La escuela puede instruir a sus alumnos pero no puede educarlos, porque no tiene medios, ni es su finalidad, la responsabilidad de educar recae en las familias, aunque éstas también se encuentran en crisis”.