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Las Técnicas de Trabajo Intelectual en educación
Universidad de Huelva (España)
¿Por qué debemos aprender a estudiar? Tenemos la necesidad de saber estudiar, de aprender rápida y eficazmente. La misma realidad de la vida nos lo exige constantemente. Evidentemente, el mundo de la ciencia y la cultura han ido ensanchándose paulatinamente y conquistando cada día nuevas parcelas del saber.
Entonces, ¿cómo conseguir de hecho esta difícil y compleja formación y preparación? ¿Cómo transformar la escuela en un centro permanente de estimulación y saber?
El alumno tiene, por tanto, que aprender cada vez más cosas y con una mayor profundidad. Esto exige no sólo estudiar más sino, sobre todo, saber estudiar mejor. En esta misma línea, si pensamos que no se trata sólo de retener muchos conocimientos y tener una gran información, sino también saber manejar esta información y utilizarla convenientemente y oportunamente, habrá que reconocerse que el perfeccionamiento y desarrollo de las Técnicas de Trabajo Intelectual (TTI) son del todo imprescindibles.
La actividad del alumno en cuanto al estudio y a la comunicación en general se proyecta siempre en dos niveles: expresión y comprensión. Ambas adoptan diferentes modalidades: oral, escrita, plástica, etc.
Uno de los procedimientos más conocidos dentro de las técnicas de expresión escrita es la toma de apuntes. Se trata de las notas escritas que el alumno toma a lo largo de la explicación de un profesor. Los apuntes, si están bien tomados, facilitan el aprendizaje y el estudio: exigen una atención continua a lo que explica el profesor, implica una comprensión del tema y una selección y ordenación de las ideas principales, supone una interpretación personal de lo que se dice, ayuda a ordenar las ideas y a hacerlas más asequibles, permite una más clara contrastación con los libros de texto.
Una técnica de expresión oral es la lectura. Existen distintos tipos de lectura rápida que permiten una gradual mejora en este campo a base de múltiples ejercicios como la “lectura en el espacio”, “mejorando el salto de ojo”, etc. En la lectura es necesario evitar la vocalización, subvocalización y regresión.
Las técnicas de expresión plástica son todos aquellos recursos -gráficos, escalas, diagramas, etc.- que visualizan el mensaje, que plasman sobre el papel, con técnicas diversas, el sentido y los datos de lo que se comunica. Las principales técnicas son: gráficos, mural, croquis, planos, mapas, etc.
Hay diversas técnicas de comprensión lectora. El subrayado facilita la elaboración de esquemas y resúmenes y, consecuentemente, favorece la comprensión del texto; por su parte, la técnica de la clasificación supone ordenar y disponer por clases o por grupos. Ejemplos de estas últimas son los mapas conceptuales y las redes conceptuales.
El mapa conceptual es aquel instrumento que permite, partiendo de una idea central (el tema u objeto de estudio), la estructuración y representación gráfica de los contenidos a desarrollar en el aula. Estos mapas ayudan a ver cómo se relacionan las ideas o conceptos entre sí, lo que facilita un proceso de enseñanza-aprendizaje basado en la ampliación o estructuración cada vez más elaborada del conocimiento, y no la simple acumulación memorística de datos escasamente relacionados.
Hoy sigue siendo de vital importancia enseñar al alumno a comprender correctamente un mensaje, a través de un minucioso desarrollo de la atención, una perfecta audición, una interpretación exacta y rigurosa del mensaje oral y la captación de las ideas básicas.
La atención es la dirección de nuestras potencias cognoscitivas hacia un objeto determinado, con la intención de conocer sus cualidades y comprender la esencia. Atender exige concentración. Utilizando la inteligencia y la voluntad el individuo es capaz de fijar su atención en algo o en alguien y mantenerla en ello, prescindiendo de lo demás. La atención está en la base de todo aprendizaje. Si hay concentración, más intenso será el estudio y el aprendizaje.
Ante todo, la atención tiene una gran dependencia de la voluntad. Concentrarse exige, de entrada, un gran esfuerzo de voluntad, especialmente si el objeto de la atención no tiene un interés en sí mismo. También exige esfuerzo la permanencia en el estudio, la persistencia en la concentración.
La memoria es la facultad de evocar hechos del pasado e identificarlos como tales. Reconocer algo como pasado distingue la memoria de la imaginación. Las imágenes contenidas en el recuerdo son el germen de las ideas. Por otra parte, el conocimiento, el arte, la ciencia, la vida social… y, en definitiva, la experiencia humana se basan en el recuerdo, en la capacidad de retener y evocar los distintos hechos tal como sucedieron en la realidad.
No hay que olvidar que aunque la memoria y los restantes componentes psicológicos tienen una base genética, buena parte de lo que llegamos a ser se lo debemos al estudio y al trabajo personal, en éste el esfuerzo, el compromiso y la responsabilidad con la tarea se constituyen como los más fuertes argumentos para el éxito académico y personal.
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