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La cuestion de la vivienda. ©
Todos los contenidos de este sitio web son de libre distribución. Haga clic para ampliar la información Fecha : Febrero 6, 2010   | Publicado por : mary Email: mari.14.91@hotmail.com Web: Información personal: Ver artículos del Autor (1)Añadir autor a Favoritos  | 0 Comentario/s Categoria : Jurídicas y Económicas | Idioma : Español Autor/es : Maria Doña Corrales,Yalia Ballesteros Delgado,Mariana Moreno Moreno,Rosario Ortega Gonzalez |
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En la sociedad actual, el acceso a la vivienda es un elemento fundamental de emancipación e integración social. En este sentido, el artículo 47 de la Constitución Española lo señala como un derecho básico e insta a los poderes públicos a hacer efectivo este derecho, señalando a aquéllos como garantes del acceso a una vivienda digna y adecuada. |
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1. INTRODUCCIÓN
En la sociedad actual, el acceso a la vivienda es un elemento fundamental de emancipación e integración social. En este sentido, el artículo 47 de la Constitución Española lo señala como un derecho básico e insta a los poderes públicos a hacer efectivo este derecho, señalando a aquéllos como garantes del acceso a una vivienda digna y adecuada.
Andalucía tiene en sus jóvenes el mayor potencial de riqueza y la mejor garantía para alcanzar un futuro de bienestar y de calidad de vida para todo el conjunto de su sociedad.
El acceso a la vivienda es para los/as jóvenes condición para su independencia, que se convierte en requisito imprescindible para el libre desarrollo de su personalidad. Según datos del Consejo de la Juventud de España correspondientes a 2009, el 51,1% de la población andaluza de entre 18 y 34 años vive aún con sus padres. El porcentaje de contratos indefinidos entre los jóvenes apenas alcanza el 20% y el esfuerzo económico que éstos tienen que realizar para acceder a una vivienda representa más de la mitad de sus ingresos. Ante este panorama, los jóvenes se vuelcan masivamente hacia las VPO, un producto aún demasiado escaso, y cuya adquisición supone otra odisea. Además la proliferación de las VPO encarece el precio de la vivienda libre.
Cada vez son más los jóvenes que tienen un título universitario, sin embargo, la trayectoria académica no parece suficiente para conseguir un empleo acorde con el nivel de estudios. Según recoge el informe “Eurydice”, sólo el 40% tiene un trabajo que se corresponde con su formación.
La principal consecuencia de esta inestabilidad y precariedad en el empleo se traduce en la dificultad de acceso a la vivienda, los jóvenes destinan el 64,3% de sus recursos para el acceso a la vivienda libre, con lo cual, el endeudamiento es muy elevado y las entidades financieras no llegan a conceder una hipoteca.
Es en este contexto donde surge la generación de los mileuristas -jóvenes cuyos sueldos apenas alcanzan los mil euros- y comienzan las dificultades para ahorrar y llegar a fin de mes. "El término ‘mileurista’ se ha generalizado como un concepto que define adecuadamente a un tipo de persona joven, que se encuentra a los 30 años con un salario relativamente estable, pero que no le permite desarrollar un tipo de vida de consumo como el ciudadano demanda o como el que tenía cuando vivía con sus padres.
Una persona joven debería cobrar un 18,6% más al mes (3.478,56 euros) para poder €comprar una vivienda libre en España, según los datos del último Observatorio Joven de Vivienda correspondiente al cuarto trimestre de 2008 elaborado por el Consejo de la Juventud de España.
Una de las principales alternativas a la vivienda en propiedad es la vivienda en alquiler, aunque en la actualidad tampoco constituye una opción mucho más barata. El Instituto Nacional de Estadística, nos habla sobre la subida de precios de los alquileres, ya que la partida de IPC (Índice de Precios al Consumo) muestra una alza del 1,8%; datos que no se corresponden con las observaciones de los medios de comunicación, que han difundido que no refleja la realidad de los precios de los alquileres en la actualidad.
2. FACTORES QUE INFLUYEN EN EL ACCESO A LA VIVIENDA.
La condición social de los jóvenes está marcada por múltiples aspectos relacionados con la vivienda.
En general, losjóvenes se enfrentan a varias transiciones en el proceso de convertirse en adultos. Tienen que pasar de la dependencia económica de sus padres a una autonomía que les permita crear su propio hogar, establecerse en pareja y crear una familia con hijos. Entodas estas transiciones influye la vivienda en sus diversas dimensiones. La oferta deviviendas afecta el calendario de la emancipación juvenil, la forma en la que se formaun primer hogar independiente, el momento de emparejamiento formal e inclusocondiciona la difusión de parejas de hecho, además de influir en el comportamientolaboral y reproductivo de las mujeres. La vivienda afecta de muy diversas formas yampliamente la realidad económica y social de nuestro país.
Por un lado la población española ha crecido continuamente, a pesar de la vertiginosa caída de la fecundidad desde los años 80, debido al aumento de la esperanza de vida y en la última década, gracias al asentamiento de más de 3 millones de extranjeros en España (Garrido 2005).
Por otro lado, ha cambiado la estructura de hogares y de familias. Han aumentado los hogares unipersonales entre los mayores y los jóvenes, se ha reducido el tamaño medio de los hogares debido a la caída de la fecundidad, al aumento de la ruptura conyugal, a la disminución de los hogares compuestos por dos generaciones y al mencionado aumento de los hogares unipersonales.
Además, las familias aspiran actualmente a más superficie, a más servicios y a más viviendas unifamiliaresque dos décadas atrás. Se demandan pues máshogares y más metros cuadrados por persona y se mantiene un importantenúmero de residencias secundarias y desocupadas en España.
Según palabras de la profesora y socióloga Josune Aguinaga Roustan, la concentración de la población en las ciudades, que ha alcanzado actualmente dimensiones completamente desmesuradas, es un fenómeno inédito en la historia mundial y plantea nuevos retos que afrontar a la sociología urbana. Por un lado distintas teorías sociológicas sobre las ciudades y por otro, algunos de los fenómenos urbanos como la globalización, la multiculturalidad, las políticas urbanas, los derechos urbanos, la participación ciudadana y los instrumentos de gestión urbana, son objetivos en los que se centra el conocimiento sobre sociología urbana.
En las últimas décadas los jóvenes españoles han creado su propio hogar cada vez más tarde y lo suelen hacer coincidir con el emparejamiento y el matrimonio. Este retraso está relacionado con el aumento del tiempo que se pasa en el sistema de formación, con las altas tasas de desempleo juvenil a principios de los 80 y 90, con la tasa más alta de empleo temporal de la Unión Europea y con el aumento de los precios de la vivienda y el predominio de la propiedad sobre el alquiler.
No obstante el Plan Estatal de Vivienda se ha centrado en los últimos años, "básicamente", en el alquiler. Desde el 2 de enero de 2008 se puede solicitar la Renta Emancipación para jóvenes entre 22 y 30 años, gestionada conjuntamente por el Ministerio de Vivienda y la Consejería de Obras Públicas y Transportes.
El plan de fomento del alquiler del Ministerio de Vivienda incluye una Renta de Emancipación que consiste en 210 euros mensuales para el pago del alquiler. Además, se facilitan 600 euros para la fianza, que se deben devolver al terminar el alquiler o dejar de beneficiarse de esta ayuda, y 120 euros para los gastos de tramitación del aval, si lo hubiera.
Con esto, muchos jóvenes se animaron a dejar la casa paterna e iniciar un proyecto de vida en solitario contando con esa ayuda, pero el dinero no llega. Esta situación afecta a 59.147 jóvenes, el 28,42% de los solicitantes cuya petición ha sido aprobada. La ayuda sí ha llegado a otros 148.994, según datos del Ministerio hasta septiembre de 2008.
Los grupos sociales con mayores dificultades de acceso a la vivienda están constituidos por personas con ingresos bajos, poco ahorro, alta inestabilidad laboral y cuyas familias no les pueden transferir recursos financieros. En esta situación es en la que se encuentran muchos jóvenes, sobre todo los de menor edad y los de familias con menores recursos económicos. También es el caso de la mayoría de los inmigrantes extracomunitarios que llevan poco tiempo en Andalucía.
Haciendo referencia al mismo periódico, el desfase entre los salarios y el precio de las viviendas eleva al máximo el esfuerzo de los ciudadanos para afrontar una hipoteca. Una pareja media de sevillanos que quiera pagar una hipoteca media (270.704 euros, incluyendo gastos de compra e intereses bancarios) necesita invertir un dinero equivalente al sueldo que ganaría en 28 años, si se toma como referencia que cada uno de los miembros destine a este gasto el 35 por ciento (el porcentaje de riesgo que aconsejan los bancos) de su sueldo medio anual de 14.000 euros, que aumenta a 28.000 euros entre los dos.
Si es una sola persona la que tiene que afrontar este mismo gasto, tendría que invertir el salario de 55 años de su vida en adquirir un piso, una situación en la que se encuentra un amplio abanico social, desde solteros a separados, divorciados y viudos.
Situación del estado de la vivienda en el colectivo joven
El largo camino hacia la emancipación comienza con el primer acercamiento al mercado laboral y termina con el abandono definitivo del hogar familiar, circunstancia que sólo se produce cuando la persona joven dispone de un empleo con las suficientes condiciones de estabilidad.
La realidad laboral de la juventud andaluza trabajadora se caracteriza por una parte importante de ocupados a tiempo completo, dividida en partes iguales entre fijos y eventuales. Un cuarto de la población joven son trabajadores fijos (25,1%), una proporción algo mayor, un 26,1%, son eventuales a tiempo completo, un 21,0% esporádicos y sin contrato y casi un 10% eventuales a tiempo parcial. El 14,6 % optan por el autoempleo como estrategia de integración en el mercado laboral.
Las características generales de las personas jóvenes que buscan empleo son: mayoritariamente mujeres, con edades superiores a 18 años y en situación de búsqueda en su mayoría desde hace menos de seis meses (60%).
Por lo tanto comprar una vivienda puede ser toda una aventura. Según los datos recogidos en el informe de investigación del IESA*(Instituto de Estudios Sociales de Andalucía) sobre la situación social de los jóvenes en Andalucía, más de la mitad de los entrevistados no se puede permitir una vivienda; otros indican que no hay suficientes viviendas adecuadas. El resultado es que los jóvenes entre 26 y 30 años, según este mismo estudio- que viven de forma independiente- son menos de la mitad.
Andalucía concentra el 20% de la población joven española (hasta 35 años), que es el colectivo que en mayor medida demanda una primera vivienda y que tiene especiales dificultades para conseguirla.
Por otra parte, la coyuntura económica general, caracterizada por la crisis, ha provocado que tanto la vivienda como el suelo se conviertan en refugio de los inversores.
Partiendo de las dificultades que caracterizan la situación actual, la Junta de Andalucía, ha puesto en marcha una serie de medidas para que puedas beneficiarte si ya piensas en comprar o alquilar una vivienda. Concretamente, el nuevo Plan Andaluz de Vivienda y Suelo, señala entre sus destinatarios prioritarios a los jóvenes menores de 35 años.
El gran esfuerzo económico que supone en la actualidad
El acceso al mercado de la vivienda exige cada vez un mayor esfuerzo económico. Para una persona joven supondría dedicar el 49,5% de su salario al pago mensual de la vivienda, y para un hogar joven ya existente dedicar el 30,3% de sus ingresos. A escala provincial, cabe destacar la fuerte exclusión a la vivienda libre de las personas jóvenes en Málaga, cuyo elevado coste de acceso a la vivienda es comparable al de la Comunidad de Madrid o el País Vasco.
Si se observa la tabla 2.1, se verá como los jóvenes en edades comprendidas entre los 18 y los 24 años tienen menos opción a formar un hogar joven, el 10% de los jóvenes viven en sus hogares familiares frente al 1,8% aproximadamente de los que consiguen emanciparse.
En el intervalo de edad oscilante entre los 25-29 años, se confirma como el número de jóvenes que forman un hogar aumenta frente al descenso de los que aún viven en el domicilio familiar. Finalmente, en edades comprendidas entre los 30-34 años las cifras se equiparan, es decir, existe un mayor número de jóvenes emancipados (casi el 10%), mientras que el número de jóvenes que residen aún en sus núcleos familiares es elevado (8,3 % aprox.).
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Como se puede observar y tal y como nos confirma la gráfica 2.2, el sector femenino es el que más dificultades tiene para la adquisición de una vivienda (casi un 60% de sus ingresos económicos para poder pagar la vivienda), por otro lado el sector de edad más joven (18-24 años) lo tiene aún más complicado, ya que necesitaría aportar aproximadamente el 65% de su sueldo mensual. Se podría decir que la causa de este hecho es que, tanto las mujeres como los más jóvenes, reciben un sueldo menor si lo comparamos con el sector masculino o con jóvenes de mayor edad.
Se interpreta que el sector que mayores ventajas tiene a la hora de pagar su vivienda lo conforman hombres (aprox. 45% de su salario), sobre todo en edades comprendidas entre los 30-34 años (casi el 50% de su salario), a esta edad se puede llegar a la conclusión de que la persona puede contar con una formación y experiencia a nivel profesional más ventajosa que si miramos a jóvenes entre 18 y 24 años.
Como ya hemos comentado anteriormente, tanto la persona joven como el hogar joven aumenta su tolerancia a la hora de adquirir una vivienda, teniendo en cuenta su precio debido, entre otras cosas, a que conforme pasan los años, los jóvenes van consiguiendo mejores puestos de trabajo y mejoras en su situación laboral, además de que, a mayor edad, la persona se encontrará probablemente mejor formada para ocupar puestos de trabajo superiores y por lo tanto tendrá mayores posibilidades de adquirir una vivienda.
También hay que tener en cuenta que, en la actualidad, se tolera mucho mejor el poder afrontar el pago de una hipoteca entre dos personas (una pareja, por ejemplo) que entre una sola persona.
La crisis tampoco soluciona el acceso a la vivienda
Alguien podría pensar que la crisis actual, al menos, conlleva un descenso de los precios que facilita el acceso a la vivienda. Lo cierto es que está sucediendo todo lo contrario. La crisis bancaria ha secado completamente el crédito y consiguientemente han caído abruptamente las compras. Sin acceso al crédito no hay acceso a la vivienda, por eso se han paralizado las transacciones. Acceder a una vivienda, por esa razón, es ahora incluso más difícil que antes de la crisis aún con precios más baratos.
El sector inmobiliario se despide de los crecimientos de vértigo con una caída de las ventas de pisos del 47% en 2008. Los particulares esperan rebajas en los precios. Se acabó el boom. El sector inmobiliario se ha despedido de los crecimientos vertiginosos de los últimos años.
Todo esto ha conllevado a empeorar la situación de emancipación de los jóvenes.
3. LA EMANCIPACIÓN JUVENIL: Un problema que alberga una gran controversia en la sociedad.
¿Ofrece la sociedad las mismas posibilidades para todos los sectores sociales? ¿Es la perspectiva social lo suficientemente sólida, como para proporcionar al joven la oportunidad de gozar de una vida exenta de trabas? Estos temas de tratamiento diario, son sólo una breve muestra del enorme conglomerado que compone la dinámica abierta de esta polémica social. El debate está abierto.
El tema de la emancipación juvenil siempre ha suscitado una vehemente controversia entre las diferentes generaciones. La controversia es la principal baza que fundamentará el origen y el desarrollo de este problema social. Conflictos generacionales los ha habido siempre y de muy diversa índole.
Ciertamente, es una necesidad del sujeto social tender hacia la individualización, una vez llegada una cierta edad, pero, cabe hacernos las siguientes preguntas que engloban o puntualizan la raíz misma de la cuestión: ¿Hasta dónde llega la imposibilidad del joven para lograr una deseada independencia ante las carestías que marcan los límites sociales, en lo que concierne a la oportunidad de alcanzar un buen nivel de vida? Vista la cuestión desde otro punto de vista -es necesario ahondar en la polémica, de ahí el exponer todo tipo de pensamiento por ruinoso que le pueda parecer al joven comprometido- ¿hasta dónde el afán del joven de hoy por encaminarse hacia un nuevo modo de vida, fuera de las comodidades que brinda un hogar carente de las vicisitudes de la calle?
Este debate y, a la par, casi tan antiguo como el diluvio universal, ha acunado las dos anteriores preguntas como los pilares básicos de una lucha de generaciones, que tantas veces a través de los medios de comunicación, de hechos evidentes de la sociedad vividos en el día a día, o de programas de televisión, toman el aspecto íntimo de una consabida guerra entre padres e hijos, a veces adoptando los intempestivos sentimientos de la ternura o la ofuscación paternal… Pero claro está: querer hacer una valoración estrictamente técnica o "familiar" de este tema de debate, enfocándolo hacia una mera cuestión de expresar los motivos aparentes que generan tal problemática, es un grave error.
No hace falta mucho espacio para comentar este aspecto, que siempre coexiste con la razón esencial que ha empujado al joven a sobrevivir dignamente, y que tantos padres han reafirmado parece que desde tiempos inmemorables. El joven predispuesto a la comodidad es el joven que no siente la necesidad de prosperar en vida y afirmación personal. Tampoco hace falta apoyarnos en estudios sociales para entender que, evidentemente, la persona que padece necesidad se va a ver empujada a buscar una estabilidad social, desacorde a su anterior estado de vida… Es indiscutible que el joven que renuncia al desarrollo de su propia personalidad en el fomento de un futuro digno, está amparado en un nivel social donde las oportunidades laborales, por ejemplo, son mayores, o donde la tradición social es un abismo en filosofía del comportamiento con respecto a clases sociales más desfavorecidas, donde se busca la práctico desenvoltura que equilibre las propias deficiencias que marca la desigualdad.
El problema de la emancipación va mucho más allá, porque la enmarañada red de causas que componen las razones políticas, e incluso la misma falta de información de un amplio sector de la población -en otros casos la mera apatía-, son el sustento en muchas ocasiones de una verdad demasiado evidente y dolorosa: en el fondo, no existe un tema común porque no es similar la situación social de todos los jóvenes.
4. CONCLUSIÓN.
Los precios de la vivienda en alquiler y compra, unida a la escasísima intervención pública por controlar los excesos del mercado, ha situado a la mayor parte de los y las jóvenes al borde de la exclusión residencial.
Por otro lado, la demanda tan elevada de las viviendas protegidas hace que el sorteo sea la forma más loable de esta acción, convirtiendo este proceso en una lotería.
Cuando un joven tiene la fortuna de salir en el sorteo debe afrontar el siguiente escollo: que la entidad bancaria le apruebe el préstamo hipotecario. Pero con empleos temporales, corta vida laboral y bajos salarios, sólo un aval puede hacer el milagro, ¿y dónde encontrar el aval? muchos de los padres de estos jóvenes todavía están pagando sus propias hipotecas. Si, pese a todo, se logra el visto bueno de la entidad financiera, surge el siguiente problema, pagar las letras.
La mayoría de los jóvenes andaluces que adquieren una vivienda piden ayuda a familiares, al Ministerio de la Vivienda o a la Junta, pues durante los primeros años es cuando más dinero tiene que desembolsar.
Una propuesta para facilitar el acceso de la vivienda a los jóvenes podría ser flexibilizar las exigencias bancarias para adaptarlas a la realidad del mercado laboral y extender los plazos de amortización de las hipotecas.
Está claro que satisfacer la demanda de viviendas asequibles para los jóvenes, sólo será posible cuando salga al mercado una cartera adecuada de suelo destinado a vivienda protegida.
En consonancia con lo anterior, la política pública de vivienda debe estar orientada a suplir los “fallos” del mercado libre y, en concreto, los derivados de la especulación sobre suelo e inmuebles, garantizando el acceso a la vivienda a aquellas personas con menos recursos económicos, entre los que habitualmente se encuentra buena parte de la juventud.
Sin embargo, las políticas públicas de vivienda han sido ineficaces a la hora de contener la brecha causada por los precios de la vivienda (nueva y usada, en propiedad o en alquiler), respecto de la renta media de la población.
La exclusión que sufren los y las jóvenes se conjuga con dos elementos adicionales: la precariedad laboral y el retraso en la emancipación.
Hay una grave distorsión entre la consideración pública de la vivienda como un bien económico y la necesidad de vivienda desde el punto de vista social.
Más allá de la enunciación del derecho a la vivienda reconocido en la Constitución, la Administración ha dejado en manos del mercado un bien que es de primera necesidad.
A la evidente desproporción que existe entre la el precio de la vivienda libre y el salario medio de un joven o una joven, le sumamos la gran inestabilidad laboral que afecta a todos los tramos de edad, resulta que los y las jóvenes no sólo tienen más dificultad para acceder a una vivienda, sino que los que ya la han adquirido tienen serios problemas para pagar las hipotecas.
En un contexto de un mercado de trabajo con alta temporalidad, bajos salarios y un excesivo endeudamiento en la compra de la vivienda, cualquier pequeño incremento del tipo de interés puede tener unos efectos impredecibles.
Además a todo esto hay que añadirle también la subida del paro a causa de la crisis que estamos atravesando.
Tendremos que irnos acostumbrando a que, con el paso de los meses, los jóvenes de toda España vayan aumentando sus protestas por lo difícil -por no decir imposible- que es acceder a una vivienda digna en muchas capitales y, cada vez más, incluso en ciudades medianas y pueblos.
1. INTRODUCCIÓN
En la sociedad actual, el acceso a la vivienda es un elemento fundamental de emancipación e integración social. En este sentido, el artículo 47 de la Constitución Española lo señala como un derecho básico e insta a los poderes públicos a hacer efectivo este derecho, señalando a aquéllos como garantes del acceso a una vivienda digna y adecuada.
Andalucía tiene en sus jóvenes el mayor potencial de riqueza y la mejor garantía para alcanzar un futuro de bienestar y de calidad de vida para todo el conjunto de su sociedad.
El acceso a la vivienda es para los/as jóvenes condición para su independencia, que se convierte en requisito imprescindible para el libre desarrollo de su personalidad. Según datos del Consejo de la Juventud de España correspondientes a 2009, el 51,1% de la población andaluza de entre 18 y 34 años vive aún con sus padres. El porcentaje de contratos indefinidos entre los jóvenes apenas alcanza el 20% y el esfuerzo económico que éstos tienen que realizar para acceder a una vivienda representa más de la mitad de sus ingresos. Ante este panorama, los jóvenes se vuelcan masivamente hacia las VPO, un producto aún demasiado escaso, y cuya adquisición supone otra odisea. Además la proliferación de las VPO encarece el precio de la vivienda libre.
Cada vez son más los jóvenes que tienen un título universitario, sin embargo, la trayectoria académica no parece suficiente para conseguir un empleo acorde con el nivel de estudios. Según recoge el informe “Eurydice”, sólo el 40% tiene un trabajo que se corresponde con su formación.
La principal consecuencia de esta inestabilidad y precariedad en el empleo se traduce en la dificultad de acceso a la vivienda, los jóvenes destinan el 64,3% de sus recursos para el acceso a la vivienda libre, con lo cual, el endeudamiento es muy elevado y las entidades financieras no llegan a conceder una hipoteca.
Es en este contexto donde surge la generación de los mileuristas -jóvenes cuyos sueldos apenas alcanzan los mil euros- y comienzan las dificultades para ahorrar y llegar a fin de mes. "El término ‘mileurista’ se ha generalizado como un concepto que define adecuadamente a un tipo de persona joven, que se encuentra a los 30 años con un salario relativamente estable, pero que no le permite desarrollar un tipo de vida de consumo como el ciudadano demanda o como el que tenía cuando vivía con sus padres.
Una persona joven debería cobrar un 18,6% más al mes (3.478,56 euros) para poder €comprar una vivienda libre en España, según los datos del último Observatorio Joven de Vivienda correspondiente al cuarto trimestre de 2008 elaborado por el Consejo de la Juventud de España.
Una de las principales alternativas a la vivienda en propiedad es la vivienda en alquiler, aunque en la actualidad tampoco constituye una opción mucho más barata. El Instituto Nacional de Estadística, nos habla sobre la subida de precios de los alquileres, ya que la partida de IPC (Índice de Precios al Consumo) muestra una alza del 1,8%; datos que no se corresponden con las observaciones de los medios de comunicación, que han difundido que no refleja la realidad de los precios de los alquileres en la actualidad.
2. FACTORES QUE INFLUYEN EN EL ACCESO A LA VIVIENDA.
La condición social de los jóvenes está marcada por múltiples aspectos relacionados con la vivienda.
En general, losjóvenes se enfrentan a varias transiciones en el proceso de convertirse en adultos. Tienen que pasar de la dependencia económica de sus padres a una autonomía que les permita crear su propio hogar, establecerse en pareja y crear una familia con hijos. Entodas estas transiciones influye la vivienda en sus diversas dimensiones. La oferta deviviendas afecta el calendario de la emancipación juvenil, la forma en la que se formaun primer hogar independiente, el momento de emparejamiento formal e inclusocondiciona la difusión de parejas de hecho, además de influir en el comportamientolaboral y reproductivo de las mujeres. La vivienda afecta de muy diversas formas yampliamente la realidad económica y social de nuestro país.
Por un lado la población española ha crecido continuamente, a pesar de la vertiginosa caída de la fecundidad desde los años 80, debido al aumento de la esperanza de vida y en la última década, gracias al asentamiento de más de 3 millones de extranjeros en España (Garrido 2005).
Por otro lado, ha cambiado la estructura de hogares y de familias. Han aumentado los hogares unipersonales entre los mayores y los jóvenes, se ha reducido el tamaño medio de los hogares debido a la caída de la fecundidad, al aumento de la ruptura conyugal, a la disminución de los hogares compuestos por dos generaciones y al mencionado aumento de los hogares unipersonales.
Además, las familias aspiran actualmente a más superficie, a más servicios y a más viviendas unifamiliaresque dos décadas atrás. Se demandan pues máshogares y más metros cuadrados por persona y se mantiene un importantenúmero de residencias secundarias y desocupadas en España.
Según palabras de la profesora y socióloga Josune Aguinaga Roustan, la concentración de la población en las ciudades, que ha alcanzado actualmente dimensiones completamente desmesuradas, es un fenómeno inédito en la historia mundial y plantea nuevos retos que afrontar a la sociología urbana. Por un lado distintas teorías sociológicas sobre las ciudades y por otro, algunos de los fenómenos urbanos como la globalización, la multiculturalidad, las políticas urbanas, los derechos urbanos, la participación ciudadana y los instrumentos de gestión urbana, son objetivos en los que se centra el conocimiento sobre sociología urbana.
En las últimas décadas los jóvenes españoles han creado su propio hogar cada vez más tarde y lo suelen hacer coincidir con el emparejamiento y el matrimonio. Este retraso está relacionado con el aumento del tiempo que se pasa en el sistema de formación, con las altas tasas de desempleo juvenil a principios de los 80 y 90, con la tasa más alta de empleo temporal de la Unión Europea y con el aumento de los precios de la vivienda y el predominio de la propiedad sobre el alquiler.
No obstante el Plan Estatal de Vivienda se ha centrado en los últimos años, "básicamente", en el alquiler. Desde el 2 de enero de 2008 se puede solicitar la Renta Emancipación para jóvenes entre 22 y 30 años, gestionada conjuntamente por el Ministerio de Vivienda y la Consejería de Obras Públicas y Transportes.
El plan de fomento del alquiler del Ministerio de Vivienda incluye una Renta de Emancipación que consiste en 210 euros mensuales para el pago del alquiler. Además, se facilitan 600 euros para la fianza, que se deben devolver al terminar el alquiler o dejar de beneficiarse de esta ayuda, y 120 euros para los gastos de tramitación del aval, si lo hubiera.
Con esto, muchos jóvenes se animaron a dejar la casa paterna e iniciar un proyecto de vida en solitario contando con esa ayuda, pero el dinero no llega. Esta situación afecta a 59.147 jóvenes, el 28,42% de los solicitantes cuya petición ha sido aprobada. La ayuda sí ha llegado a otros 148.994, según datos del Ministerio hasta septiembre de 2008.
Los grupos sociales con mayores dificultades de acceso a la vivienda están constituidos por personas con ingresos bajos, poco ahorro, alta inestabilidad laboral y cuyas familias no les pueden transferir recursos financieros. En esta situación es en la que se encuentran muchos jóvenes, sobre todo los de menor edad y los de familias con menores recursos económicos. También es el caso de la mayoría de los inmigrantes extracomunitarios que llevan poco tiempo en Andalucía.
Haciendo referencia al mismo periódico, el desfase entre los salarios y el precio de las viviendas eleva al máximo el esfuerzo de los ciudadanos para afrontar una hipoteca. Una pareja media de sevillanos que quiera pagar una hipoteca media (270.704 euros, incluyendo gastos de compra e intereses bancarios) necesita invertir un dinero equivalente al sueldo que ganaría en 28 años, si se toma como referencia que cada uno de los miembros destine a este gasto el 35 por ciento (el porcentaje de riesgo que aconsejan los bancos) de su sueldo medio anual de 14.000 euros, que aumenta a 28.000 euros entre los dos.
Si es una sola persona la que tiene que afrontar este mismo gasto, tendría que invertir el salario de 55 años de su vida en adquirir un piso, una situación en la que se encuentra un amplio abanico social, desde solteros a separados, divorciados y viudos.
Situación del estado de la vivienda en el colectivo joven
El largo camino hacia la emancipación comienza con el primer acercamiento al mercado laboral y termina con el abandono definitivo del hogar familiar, circunstancia que sólo se produce cuando la persona joven dispone de un empleo con las suficientes condiciones de estabilidad.
La realidad laboral de la juventud andaluza trabajadora se caracteriza por una parte importante de ocupados a tiempo completo, dividida en partes iguales entre fijos y eventuales. Un cuarto de la población joven son trabajadores fijos (25,1%), una proporción algo mayor, un 26,1%, son eventuales a tiempo completo, un 21,0% esporádicos y sin contrato y casi un 10% eventuales a tiempo parcial. El 14,6 % optan por el autoempleo como estrategia de integración en el mercado laboral.
Las características generales de las personas jóvenes que buscan empleo son: mayoritariamente mujeres, con edades superiores a 18 años y en situación de búsqueda en su mayoría desde hace menos de seis meses (60%).
Por lo tanto comprar una vivienda puede ser toda una aventura. Según los datos recogidos en el informe de investigación del IESA*(Instituto de Estudios Sociales de Andalucía) sobre la situación social de los jóvenes en Andalucía, más de la mitad de los entrevistados no se puede permitir una vivienda; otros indican que no hay suficientes viviendas adecuadas. El resultado es que los jóvenes entre 26 y 30 años, según este mismo estudio- que viven de forma independiente- son menos de la mitad.
Andalucía concentra el 20% de la población joven española (hasta 35 años), que es el colectivo que en mayor medida demanda una primera vivienda y que tiene especiales dificultades para conseguirla.
Por otra parte, la coyuntura económica general, caracterizada por la crisis, ha provocado que tanto la vivienda como el suelo se conviertan en refugio de los inversores.
Partiendo de las dificultades que caracterizan la situación actual, la Junta de Andalucía, ha puesto en marcha una serie de medidas para que puedas beneficiarte si ya piensas en comprar o alquilar una vivienda. Concretamente, el nuevo Plan Andaluz de Vivienda y Suelo, señala entre sus destinatarios prioritarios a los jóvenes menores de 35 años.
El gran esfuerzo económico que supone en la actualidad
El acceso al mercado de la vivienda exige cada vez un mayor esfuerzo económico. Para una persona joven supondría dedicar el 49,5% de su salario al pago mensual de la vivienda, y para un hogar joven ya existente dedicar el 30,3% de sus ingresos. A escala provincial, cabe destacar la fuerte exclusión a la vivienda libre de las personas jóvenes en Málaga, cuyo elevado coste de acceso a la vivienda es comparable al de la Comunidad de Madrid o el País Vasco.
Si se observa la tabla 2.1, se verá como los jóvenes en edades comprendidas entre los 18 y los 24 años tienen menos opción a formar un hogar joven, el 10% de los jóvenes viven en sus hogares familiares frente al 1,8% aproximadamente de los que consiguen emanciparse.
En el intervalo de edad oscilante entre los 25-29 años, se confirma como el número de jóvenes que forman un hogar aumenta frente al descenso de los que aún viven en el domicilio familiar. Finalmente, en edades comprendidas entre los 30-34 años las cifras se equiparan, es decir, existe un mayor número de jóvenes emancipados (casi el 10%), mientras que el número de jóvenes que residen aún en sus núcleos familiares es elevado (8,3 % aprox.).
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Como se puede observar y tal y como nos confirma la gráfica 2.2, el sector femenino es el que más dificultades tiene para la adquisición de una vivienda (casi un 60% de sus ingresos económicos para poder pagar la vivienda), por otro lado el sector de edad más joven (18-24 años) lo tiene aún más complicado, ya que necesitaría aportar aproximadamente el 65% de su sueldo mensual. Se podría decir que la causa de este hecho es que, tanto las mujeres como los más jóvenes, reciben un sueldo menor si lo comparamos con el sector masculino o con jóvenes de mayor edad.
Se interpreta que el sector que mayores ventajas tiene a la hora de pagar su vivienda lo conforman hombres (aprox. 45% de su salario), sobre todo en edades comprendidas entre los 30-34 años (casi el 50% de su salario), a esta edad se puede llegar a la conclusión de que la persona puede contar con una formación y experiencia a nivel profesional más ventajosa que si miramos a jóvenes entre 18 y 24 años.
Como ya hemos comentado anteriormente, tanto la persona joven como el hogar joven aumenta su tolerancia a la hora de adquirir una vivienda, teniendo en cuenta su precio debido, entre otras cosas, a que conforme pasan los años, los jóvenes van consiguiendo mejores puestos de trabajo y mejoras en su situación laboral, además de que, a mayor edad, la persona se encontrará probablemente mejor formada para ocupar puestos de trabajo superiores y por lo tanto tendrá mayores posibilidades de adquirir una vivienda.
También hay que tener en cuenta que, en la actualidad, se tolera mucho mejor el poder afrontar el pago de una hipoteca entre dos personas (una pareja, por ejemplo) que entre una sola persona.
La crisis tampoco soluciona el acceso a la vivienda
Alguien podría pensar que la crisis actual, al menos, conlleva un descenso de los precios que facilita el acceso a la vivienda. Lo cierto es que está sucediendo todo lo contrario. La crisis bancaria ha secado completamente el crédito y consiguientemente han caído abruptamente las compras. Sin acceso al crédito no hay acceso a la vivienda, por eso se han paralizado las transacciones. Acceder a una vivienda, por esa razón, es ahora incluso más difícil que antes de la crisis aún con precios más baratos.
El sector inmobiliario se despide de los crecimientos de vértigo con una caída de las ventas de pisos del 47% en 2008. Los particulares esperan rebajas en los precios. Se acabó el boom. El sector inmobiliario se ha despedido de los crecimientos vertiginosos de los últimos años.
Todo esto ha conllevado a empeorar la situación de emancipación de los jóvenes.
3. LA EMANCIPACIÓN JUVENIL: Un problema que alberga una gran controversia en la sociedad.
¿Ofrece la sociedad las mismas posibilidades para todos los sectores sociales? ¿Es la perspectiva social lo suficientemente sólida, como para proporcionar al joven la oportunidad de gozar de una vida exenta de trabas? Estos temas de tratamiento diario, son sólo una breve muestra del enorme conglomerado que compone la dinámica abierta de esta polémica social. El debate está abierto.
El tema de la emancipación juvenil siempre ha suscitado una vehemente controversia entre las diferentes generaciones. La controversia es la principal baza que fundamentará el origen y el desarrollo de este problema social. Conflictos generacionales los ha habido siempre y de muy diversa índole.
Ciertamente, es una necesidad del sujeto social tender hacia la individualización, una vez llegada una cierta edad, pero, cabe hacernos las siguientes preguntas que engloban o puntualizan la raíz misma de la cuestión: ¿Hasta dónde llega la imposibilidad del joven para lograr una deseada independencia ante las carestías que marcan los límites sociales, en lo que concierne a la oportunidad de alcanzar un buen nivel de vida? Vista la cuestión desde otro punto de vista -es necesario ahondar en la polémica, de ahí el exponer todo tipo de pensamiento por ruinoso que le pueda parecer al joven comprometido- ¿hasta dónde el afán del joven de hoy por encaminarse hacia un nuevo modo de vida, fuera de las comodidades que brinda un hogar carente de las vicisitudes de la calle?
Este debate y, a la par, casi tan antiguo como el diluvio universal, ha acunado las dos anteriores preguntas como los pilares básicos de una lucha de generaciones, que tantas veces a través de los medios de comunicación, de hechos evidentes de la sociedad vividos en el día a día, o de programas de televisión, toman el aspecto íntimo de una consabida guerra entre padres e hijos, a veces adoptando los intempestivos sentimientos de la ternura o la ofuscación paternal… Pero claro está: querer hacer una valoración estrictamente técnica o "familiar" de este tema de debate, enfocándolo hacia una mera cuestión de expresar los motivos aparentes que generan tal problemática, es un grave error.
No hace falta mucho espacio para comentar este aspecto, que siempre coexiste con la razón esencial que ha empujado al joven a sobrevivir dignamente, y que tantos padres han reafirmado parece que desde tiempos inmemorables. El joven predispuesto a la comodidad es el joven que no siente la necesidad de prosperar en vida y afirmación personal. Tampoco hace falta apoyarnos en estudios sociales para entender que, evidentemente, la persona que padece necesidad se va a ver empujada a buscar una estabilidad social, desacorde a su anterior estado de vida… Es indiscutible que el joven que renuncia al desarrollo de su propia personalidad en el fomento de un futuro digno, está amparado en un nivel social donde las oportunidades laborales, por ejemplo, son mayores, o donde la tradición social es un abismo en filosofía del comportamiento con respecto a clases sociales más desfavorecidas, donde se busca la práctico desenvoltura que equilibre las propias deficiencias que marca la desigualdad.
El problema de la emancipación va mucho más allá, porque la enmarañada red de causas que componen las razones políticas, e incluso la misma falta de información de un amplio sector de la población -en otros casos la mera apatía-, son el sustento en muchas ocasiones de una verdad demasiado evidente y dolorosa: en el fondo, no existe un tema común porque no es similar la situación social de todos los jóvenes.
4. CONCLUSIÓN.
Los precios de la vivienda en alquiler y compra, unida a la escasísima intervención pública por controlar los excesos del mercado, ha situado a la mayor parte de los y las jóvenes al borde de la exclusión residencial.
Por otro lado, la demanda tan elevada de las viviendas protegidas hace que el sorteo sea la forma más loable de esta acción, convirtiendo este proceso en una lotería.
Cuando un joven tiene la fortuna de salir en el sorteo debe afrontar el siguiente escollo: que la entidad bancaria le apruebe el préstamo hipotecario. Pero con empleos temporales, corta vida laboral y bajos salarios, sólo un aval puede hacer el milagro, ¿y dónde encontrar el aval? muchos de los padres de estos jóvenes todavía están pagando sus propias hipotecas. Si, pese a todo, se logra el visto bueno de la entidad financiera, surge el siguiente problema, pagar las letras.
La mayoría de los jóvenes andaluces que adquieren una vivienda piden ayuda a familiares, al Ministerio de la Vivienda o a la Junta, pues durante los primeros años es cuando más dinero tiene que desembolsar.
Una propuesta para facilitar el acceso de la vivienda a los jóvenes podría ser flexibilizar las exigencias bancarias para adaptarlas a la realidad del mercado laboral y extender los plazos de amortización de las hipotecas.
Está claro que satisfacer la demanda de viviendas asequibles para los jóvenes, sólo será posible cuando salga al mercado una cartera adecuada de suelo destinado a vivienda protegida.
En consonancia con lo anterior, la política pública de vivienda debe estar orientada a suplir los “fallos” del mercado libre y, en concreto, los derivados de la especulación sobre suelo e inmuebles, garantizando el acceso a la vivienda a aquellas personas con menos recursos económicos, entre los que habitualmente se encuentra buena parte de la juventud.
Sin embargo, las políticas públicas de vivienda han sido ineficaces a la hora de contener la brecha causada por los precios de la vivienda (nueva y usada, en propiedad o en alquiler), respecto de la renta media de la población.
La exclusión que sufren los y las jóvenes se conjuga con dos elementos adicionales: la precariedad laboral y el retraso en la emancipación.
Hay una grave distorsión entre la consideración pública de la vivienda como un bien económico y la necesidad de vivienda desde el punto de vista social.
Más allá de la enunciación del derecho a la vivienda reconocido en la Constitución, la Administración ha dejado en manos del mercado un bien que es de primera necesidad.
A la evidente desproporción que existe entre la el precio de la vivienda libre y el salario medio de un joven o una joven, le sumamos la gran inestabilidad laboral que afecta a todos los tramos de edad, resulta que los y las jóvenes no sólo tienen más dificultad para acceder a una vivienda, sino que los que ya la han adquirido tienen serios problemas para pagar las hipotecas.
En un contexto de un mercado de trabajo con alta temporalidad, bajos salarios y un excesivo endeudamiento en la compra de la vivienda, cualquier pequeño incremento del tipo de interés puede tener unos efectos impredecibles.
Además a todo esto hay que añadirle también la subida del paro a causa de la crisis que estamos atravesando.
Tendremos que irnos acostumbrando a que, con el paso de los meses, los jóvenes de toda España vayan aumentando sus protestas por lo difícil -por no decir imposible- que es acceder a una vivienda digna en muchas capitales y, cada vez más, incluso en ciudades medianas y pueblos.

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